Senderismo con niños: la montaña no es el parque.

Senderismo con niños: la montaña no es el parque.

hace un par de meses

Que la montaña y todas las actividades que se practican en ella están experimentando un enorme crecimiento es algo que ya hemos comentado muchas veces y de sobra conocido.

Que muchos de esos nuevos practicantes son niños, es también algo que a nadie se le escapa, aunque sea por pura estadística.

Hoy quiero compartir contigo una reflexión acerca de la práctica del senderismo y otros deportes de montaña con los peques, que me ha surgido a raíz de dos sucesos que han tenido lugar hace unos días.

Te pongo en antecedentes:


-Suceso n.º 1:

Hace unos días he recibido un email de una clienta que me preguntaba si tenía tarifas infantiles, y por qué no especificaba en las fichas las edades recomendadas.

Como me parecieron dos cuestiones interesantes, las he incluido en la sección de Preguntas Frecuentes, con sus correspondientes respuestas y argumentos, para que todo el mundo pueda comprender el por qué de las cosas.

Me quedé pensando en la creciente demanda por parte de familias que quieren salir con sus hijos a la montaña, y justo al día siguiente, como si el universo lo hubiese preparado ocurrió el...


-Suceso nº 2:

Me encontré en el periódico El País con un artículo titulado: “Cinco montañas madrileñas que subir con niños”, y pensé “mira qué bien, información referente a lo de ayer” (te he dejado el enlace para que flipes tú también).

Hace unos meses publiqué un artículo advirtiendo de los riesgos de partir de conceptos equivocados o de fuentes poco fiables.

Pues bien, no pensaba yo que un medio de comunicación de esta envergadura me daría el ejemplo perfecto de aquello a lo que me referí entonces.

Cuando empecé a leer el artículo tuve la impresión de que, quien lo escribía, no estaba muy familiarizado con lo que estaba escribiendo (una investigación posterior me da la impresión de que no debe de ser así, lo cual acrecienta mi confusión).

Al continuar con la lectura, cada vez se me hizo más patente que estaba ante una sarta de estereotipos e informaciones manidas, cogidas de aquí y de allá, vertidas en una coctelera, agitadas, y servidas sin mucho cuidado.

Al terminar la lectura, me pareció directamente vergonzoso e irresponsable que se hubiera publicado aquello en un medio con el alcance de difusión como el que estamos hablando.

Es un sinsentido de errores geográficos, topónimos erróneos o inexistentes y despropósitos.

Se plantean actividades para “chavales a partir de 7 años”, ¿cual es la primera?, ¡Peñalara!, ¡toma ya!, la cumbre más alta de la Sierra de Guadarrama, un entorno de alta montaña (digan lo que digan algunos) y a tiro de piedra de uno de los lugares con mayor siniestralidad de toda la Sierra.

Y esto se podría quedar en pura anécdota, pero es que durante todo el artículo, en ninguna de las 5 actividades propuestas se da ningún dato realmente práctico para la realización de las mismas, es todo paja.

Mi conclusión es doble:

Por una parte, me parece irresponsable por parte de un periódico de tirada nacional este ejercicio de banalización de la montaña y ninguneo a los profesionales que nos partimos el alma para informar, enseñar y concienciar.

No puedes sembrar en la cabeza de la gente la idea de que el ascenso a Peñalara es lo suficientemente fácil como para que lo haga un niño de 7 años sin el menor problema.

Al menos, no sin asumir luego las consecuencias de publicar este tipo de informaciones: un efecto llamada para gente sin experiencia, preparación ni material.

Esto suele dar lugar, pasados unos meses, a la publicación de un nuevo artículo, esta vez echándonos todos las manos a la cabeza ante un accidente con menores implicados (demonizando de paso la montaña y haciéndonos eco de lo peligrosísima que es).
No lo pongo por poner, solo hacer falta hacer una búsqueda rápida en la hemeroteca del mismo periódico.

Primero animas a la gente a cometer imprudencias, y después, ¿te sorprendes de que se cometan?... no hombre no, ni todo el monte es orégano, ni todo vale (o debería valer) con tal de publicar, hay que dar información veraz, real y contrastada, eso es periodismo, lo otro desinformar.

Por otro lado, creo que todo el mundo debe tener claro lo que implica hacer senderismo con niños.

Yo he crecido en la montaña, no sería quien soy si hubiera sido de otra manera.

Algunos documentos gráficos que atestiguan que hablo por experiencia 😀

senderismo con niños

Con mi padre haciendo mis primeras cumbres

Las primeras veces que cogí un piolet era para esto

Recuperando fuerzas en Canto Cochino después de una jornada en la Pedriza. Ahora hago lo mismo, pero con cerveza...

Evidentemente creo que los niños tienen que ir al monte, me parece parte indispensable de la formación de una persona.

La montaña nos enseña valores como el compañerismo, la solidaridad, la paciencia, la perseverancia y el respeto (a los compañeros, al medio, y a uno mismo, fundamental en el desastre de sociedad alienadora que estamos creando)

Y además, no tiene efectos secundarios, al no generar (como puede ocurrir en otros deportes) una serie de valores negativos, como la competitividad extrema, el juego sucio con el fin de ganar, la agresividad o el desprecio al rival.

Aquí ni hay reglas ni compites contra nadie que no seas tú: todo lo que te llevas es bueno.

Así que si, los niños tienen que ir al monte, y la montaña no es la guerra, no es el infierno plagado de muerte y riesgo extremo que a veces nos venden en la tele.

Pero ojo, que tampoco es un parque infantil.

Si vas a llevar a tus hijos a la montaña, les estás haciendo el mejor regalo que puedes hacerles, pero si no sabes donde te metes, y te dejas guiar por cualquier cosa, no solo te estás poniendo tú en peligro, sino también a ellos.

Así que ¡ánimo!; pero prudencia y sobre todo, criterio a la hora de informarnos.

¿Como ves tú el tema de los niños en el monte?, ¿alguna actividad recomendable para otros padres que nos estén leyendo?, ¿alguna opinión?, ya sabes, en los comentarios.

Gonzalo

Sobre el autor

Gonzalo

Soy Guía de montaña profesional, escritor vocacional, y necesito moverme y conocer nuevos lugares y personas casi tanto como respirar.

Desde 2015, trabajo en Nomadapto, mi propio proyecto, en el cual trato de mejorar la vida de la gente utilizando la montaña como excusa.

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