Senderismo con lluvia…no hay malos días, hay malos montañeros

Senderismo con lluvia…no hay malos días, hay malos montañeros

Durante una etapa de mi vida oposité a bombero.
No cuajó, pero durante aquella experiencia, al menos intenté (como siempre) sacar lo bueno y aprendí algunas cosas.

Algo que nunca olvidaré eran las pocas ganas que teníamos de salir a correr los días de lluvia.
Recuerdo que uno de mis compañeros, siempre nos decía en el vestuario: “no hay malos días, hay malos corredores”.

Aquella frase se quedó grabada a fuego en mi cabeza, y años después la modifique para mis propios fines, convirtiéndola en uno de los mantras que más repito a mis clientes: “no hay malos días, hay malos montañeros”.

Prudencia vs valentía, en función de la situación.

Cuando digo que “no hay malos días, hay malos montañeros” es tanto como decir que si te mojas no pasa nada. Por supuesto esto hay que matizarlo.

La lluvia (o la nieve), son parte de la naturaleza, y como cualquier otro agente natural, lo único que hacen es introducir una serie de cambios en el entorno.

Algunos clientes principiantes me preguntan cuando estamos preparando una actividad ¿y si llueve?,  a lo que mi respuesta suele ser “nos mojaremos”.

Sé que hay compañeros guías que suspenden sus actividades por mal tiempo.
Yo generalmente no lo hago (otra cosa es que el mal tiempo haga que todos mis clientes se queden en casa, en cuyo caso evidentemente la actividad se suspende, pero mientras que los clientes quieran salir, se sale)

Porque llegados a este punto hay que tener clara una cosa, y es que si llueve, y te mojas, no pasa absolutamente nada... en función de las circunstancias.

Para la inmensa mayoría de mis actividades, en las cuales al cabo de pocas horas estás de vuelta en casa o en la comodidad de un refugio, considero que mojarse no es ningún problema que no pueda solucionarse al final del día con una ducha caliente y ropa seca.

Incluso si al final del día la pernocta tiene que hacerse en tienda de campaña, con tener ropa seca es suficiente para pasar el “mal trago”.

Y es que yo creo que eso es lo que hay que tener en mente cuando estemos en mitad de una tormenta, por una parte estar muy atento a los cambios que esa circunstancia meteorológica introduze, y que te obligan a tomar decisiones diferentes.

Por otra parte, en estas circunstancias la moral es muy importante, y la mejor manera de mantenerla alta, es tener parte de tu mente pensando en ese espacio cálido y seco que vas a encontrar cuando termines la actividad.
Así que sí, hay que ser prudente por encima de todo, pero si una vez que has evaluado los riesgos, llegas a la conclusión de que lo peor que puede ocurrir es mojarte, entonces la prudencia y la prevención ya han cumplido su función, y hay que dar paso a un poco de arrojo, a la firme e inquebrantable determinación de llegar al refugio.

Y no te voy a engañar, es en esos momentos de desafío a la naturaleza controlado, en que la actividad se ha convertido en un ejercicio de resistencia, no solo física sino también mental, en los que yo más disfruto.

Una batalla interna por poner al mal tiempo buena cara, por disfrutar no de la lluvia o la ventisca, sino de la sensación de estar oponiendo resistencia a una fuerza de la naturaleza tan primaria como feroz… solo para disfrutar de la recompensa de un lugar cálido y seco (y de aprender a valorar de paso, que las cosas más básicas son las más importantes)

A continuación voy a dar unas breves pinceladas sobre los peligros reales que suponen la lluvia y la nieve en la montaña.
Una vez comprendidos estos peligros reales, queda bastante claro que mojarse no es uno de ellos.

Senderismo con lluvia

Una buena chaqueta impermeable, combinada con una buena preparación y conocimiento del terreno, hace que la lluvia o la nieve no sean necesariamente un problema

Los peligros de la lluvia

Suelos resbaladizos, peligro de caída

Creo que este es uno de los más evidentes y que requiere más atención.
Las únicas maneras de luchar contra esto son: 

  1. Llevar una suela adecuada en las zapatillas o botas,  que aporte la atracción suficiente y que por el diseño de sus tacos pueda desalojar todo el agua posible.
  2. Extremar la precaución y el equilibrio, sobre todo en pasos complicados o en placas de roca muy pulida (lanchas). En estas situaciones, cada movimiento debe ser lento y meditado, con independencia de la sensación de urgencia que se tenga. Lo importante es llegar, no llegar cuanto antes.
Senderismo con lluvia

En los días de lluvia, hay tramos en los que un suelo resbaladizo es el mayor peligro.

Descenso de la temperatura peligro de hipotermia

Senderismo con lluvia

Mojarse en si, no es un problema, pero la pérdida de calor que genera, puede suponer uno muy serio si no sabemos qué hacer para solucionarlo

Cuando digo que no pasa nada por mojarse, me refiero a que la sensación desagradable de estar mojado, solo es eso, una sensación desagradable.

El problema es que esa sensación, puede llevar consigo un problema real, que es el descenso de la temperatura corporal por convección al estar empapado, lo cual puede llevarte a una hipotermia si la temperatura exterior es menor que la corporal.

Aquí las únicas soluciones son mantenerse lo más seco posible (lo cual es muy sencillo teniendo en cuenta los materiales con los que contamos hoy en día,  y si llegado el caso te mojas, mantenerte en movimiento para permanecer caliente aunque estés mojado.

Máxima atención a la orientación

Este es otro de los peligros reales que implica estar en medio de una tormenta.
La reducción, por falta de visibilidad por un lado, y el estado mental en el que nos solemos encontrar en estas circunstancias, hacen que sea mucho más probable perdernos por lo que deberemos estar especialmente atentos a no salirnos de los caminos y mantener una orientación adecuada.

senderismo con lluvia

Los peligros de la nieve

Vigila el riesgo de avalancha

En terrenos nevados y complicados, nunca, repito, nunca salgas a la montaña sin haber visto previamente la información meteorológica y el riesgo de avalancha (hablaremos de esto en un artículo especial más adelante)
Transitar por estos escenarios es algo lo suficientemente delicado como para que solo debiera realizarse en compañía de personas con experiencia o profesionales.

Cuidado con los agujeros

Así como el riesgo de avalanchas implica que una gran cantidad de nieve puede caernos encima, también la nieve puede haber ocultado algún agujero del terreno en el cual podríamos caer nosotros y no nos andamos con ojo.
Para evitarlo, lo ideal es intentar desplazarnos por una huella previa siempre que la haya, o tratar de transitar por terrenos conocidos en los cuales sepamos que no vamos a encontrarnos sorpresas.

En función de la dureza cambian las herramientas

Por último, desplazarse por entornos nevados requiere no solo de unos conocimientos específicos sino también de unos materiales muy concretos.

En función de la dureza de la nieve, pueden ser más recomendables las raquetas, los esquís de travesía, o incluso los crampones.

Por supuesto, el uso de todos estos elementos debe practicarse en entornos controlados y no es tan sencillo como ponérselos y echar a caminar coma por lo que te recomiendo que si vas a dedicarte a ello, te formes adecuadamente antes.

Aquí me tienes al frente de un grupo con raquetas. 

En otras ocasiones, en cambio, es más aconsejable el uso de crampones.

Gonzalo

Sobre el autor

Gonzalo

Soy Guía de montaña profesional, escritor vocacional, y necesito moverme y conocer nuevos lugares y personas casi tanto como respirar.

Desde 2015, trabajo en Nomadapto, mi propio proyecto, en el cual trato de mejorar la vida de la gente utilizando la montaña como excusa.

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