¿Cómo elegir una mochila de montaña?. Todas las claves para acertar.

Cómo elegir una mochila de montaña (primera parte)

Más conocida en el argot montañero como macuto, en esencia es una bolsa de un material textil resistente, que llevamos fija a la espalda por medio de una serie de correajes, dentro de la cual transportamos nuestras cosas.

Demos un paseo por los puntos más importantes que merece la pena conocer a la ora de elegir una mochila de montaña:

¿Por qué elegir una mochila de montaña?:

¿No puedo ir a la montaña y llevar todas mis cosas en un bolso?, ¿una riñonera?, ¿una bolsa de plástico del súper?

Por poder puedes, y hay quien lo hace, pero no tiene ningún sentido, veamos por qué:

La mochila, es la respuesta cultural a un problema real: el de transportar una serie de objetos, generalmente pesados y voluminosos, de la manera más cómoda posible.

Desde el inicio de los tiempos, el ser humano ha buscado diferentes soluciones más o menos imaginativas para solucionar el asunto: zurrones, hatillos, bolsas de todo tipo, ingenios con ruedas… y por supuesto, mochilas.

En los últimos tiempos, los avances tecnológicos han permitido dar con las mejores soluciones, y no dejan de mejorar (como de costumbre en nuestra historia, las guerras tienen buena parte de la culpa del desarrollo tecnológico, en éste caso, la necesidad de permitir a los soldados transportar todo su equipo sin que resultase un impedimento para combatir).

Si aún no te he convencido de que la mejor manera de llevar tus cosas en montaña es la mochila, ahí van algunos argumentos más:

  1. En caso de tener que trepar, o simplemente de caída, tus manos deben estar libres, por lo que tu equipo debe viajar a tu espalda, donde no suponga un problema.
  2. Tus caderas (donde recae el peso de la mochila) son mucho más fuertes que tus manos, y pueden transportar cargas pesadas durante muchas más horas, sin que apenas te des cuenta.
  3. Cientos de miles de soldados, alpinistas, cazadores, y viajeros a lo largo de la historia no pueden estar equivocados. Olvídate de cosas extrañas, y plantéate elegir una mochila de montaña.
elegir una mochila de montaña

Éste soy yo, con una mochila adecuada.

elegir una mochila montaña

Éste es un tipo que me crucé haciendo la transpirenaica. En el monte no necesitas mochila con ruedas.

Tipos de mochilas:

Hay tantos tipos de mochilas como actividades posibles en la montaña, de ahí que al enfrentarnos a la compra de nuestra primera mochila, o de la renovación de la actual, pueda cundir el pánico.

Tranquilos, solo hay que tener en cuenta algunos aspectos básicos para elegirla, y sobre todo tener sentido común para encontrar la que mejor se adapte a nuestras necesidades, ya que la misma mochila que sirve perfectamente para la escalada en pared, puede no ser útil para esquiar, o montar en bici.

En buena medida, lo que diferencia el uso para el que está diseñada una u otra mochila, es la capacidad de la misma, su diseño (es decir, su morfología) y la presencia de unos u otros elementos que podríamos llamar “accesorios”, (aunque en función de la actividad pueden ser verdaderamente esenciales).

Por citar algunos ejemplos, existen las:

Mochilas de Trail Running:

Pensadas para correr por la montaña.

Son pequeñas y compactas, pensadas para transportar muy poca carga.

Priorizan la hergonomía por encima de todo, y suelen estar dotadas de sistemas para evitar en la medida de lo posible los rebotes de la mochila al correr.
Siempre (o casi) tendrán un sistema de hidratación tipo CamelBack (ya que ése es su uso principal).

Mochilas de trekking:

Las mochilas “de montaña” tal y como las conocemos.

Diseñadas para transportar cargas de moderadas a importantes, durante actividades que van desde el senderismo dominguero hasta las expediciones extremas.

En función de su tamaño, podríamos diferenciar:

De ataque:

Pensadas para transportar cargas ligeras o moderadas, durante un día.

De marcha (para varios días):

Cuentan con elementos especiales para transportar el saco de dormir y otros elementos necesarios en salidas de varios días.

Son más grandes y mejor reforzadas, con lo que pueden transportar cargas mayores.

Mochilas de escalada:

Pensadas para escalada, cuentan con multitud de porta materiales para alojar el material.

Son más estrechas y elevadas en la zona de la cadera, para no interferir con el arnés.

Tienen puntos de anclaje para ser izadas.

Mochilas de alpinismo:

Parecidas a las sacas de espeleología pero más grandes y ergonómicas.

Son de materiales impermeables, ya que su entorno natural es el agua.

Las hay estancas, que cuentan con cierre hermético y mantienen seco el contenido, pero lo habitual es que cuenten simplemente con abundantes agujeros de drenaje para evacuar el agua.

Mochilas de esquí:

Cuentan con porta esquís y otros elementos especiales para dicha actividad (por ejemplo el sistema de seguridad “RECCO”, del que ya hablaremos).

Hay sistemas para alojar los esquíes en los laterales de la mochila, o bien terciados a la espalda.

Mochilas porta bebés:

Aquí la única variación es que la carga tiende a moverse por sí sola, sin motivo aparente 😉

Mochilas (o petates) de expedición:

Concebidos para grandes expediciones en las que hay gran volumen de material.

No están pensados para ser cargados por personas, sino para facturarse en bodegas de aviones, colgarse en alforjas de burros o ser “arrojados” a la parte de atrás de los camiones.

Priorizan la gran capacidad y están hechos a prueba de bombas.

Los 3 pilares básicos de una buena mochila de montaña:

Bastidor

Toda buena mochila que se precie (salvo raras excepciones) cuenta con un bastidor.

El bastidor es una estructura rígida que se encarga de transmitir el peso a las hombreras y al cinturón lumbar.

Puede ser de diferentes materiales plásticos o metálicos (policarbonato, kevlar, acero, titanio, duraluminio, ¡y cada uno con sus particulares características, todo un mundillo apasionante)

Un asunto importante es lo de los bastidores interiores y exteriores.

Antiguamente, las mochilas de montaña llevaban el bastidor “por fuera”.

Se trataba de un marco metálico del cual se suspendía el elemento textil de la mochila (donde van las cosas) y que te colgabas a la espalda por medio de correas.

Si bien es cierto que el sistema parece ser muy adecuado para transportar cargas muy pesadas, la facilidad con que se engancha en todas partes, el constante bamboleo de la carga, su aparatosidad y peso, han hecho que caiga en desuso.

Salvo que te vayas a ir de trampero a Alaska con Davy Crockett, ni se te ocurra adquirir una de éstas (eso si la encuentras fuera de un museo)

En el siglo XXI, el bastidor va por dentro.

Cinturón lumbar:

Estamos ante el “alma” de la mochila de montaña, el núcleo que la hace única e incomparable.

Debes empezar a pensar en tu mochila como en una riñonera que, por algún error de fábrica, tiene dos hombreras.

La función del cinturón lumbar, no es “que la mochila no se mueva”, no es “fijar la carga”.

La función del cinturón lumbar es soportar el peso.

O mejor dicho, transmitirlo a tus caderas, que serán las que lo soporten.

Piénsalo: tienes los hombros, una estructura ósea más o menos fuerte, pero demasiado elevada, que se cansa con facilidad, y de la cual tendrías que “colgar” el peso.

¡Qué fácil sería todo si el cuerpo tuviese dos robustos pilares sobre los que cargar el peso!

Pero, ¡espera!, ¡sí que los tiene!, y se llaman piernas.

Por medio del cinturón lumbar, transferimos la mayor parte del peso (el 80%, concretamente) a las piernas, dos maravillosos elementos biológicos diseñados para aguantar peso (el tuyo, sin ir más lejos) durante todo el día y sin inmutarse, ya que es en ellas donde están los mayores y más fuertes huesos y músculos del cuerpo.

Es por eso que un buen cinturón lumbar debe estar bien acolchado, debe ser ancho, y debe ser razonablemente rígido.

Hombreras:

Las encargadas de soportar el 20% restante del peso. Al igual que el cinturón lumbar, tienen que tener un buen acolchado y tienen que ser anchas.

Deben estar bien ajustadas para tener el mayor contacto posible con los hombros y el pecho (a mayor contacto, mayor distribución del peso)

Capacidad:

El tamaño de una mochila, viene dado por su capacidad: mochilas de mayor capacidad, son más grandes, esto es lógico.

Si en algún momento alguien te hace una clasificación de tal o cual mochila en función del peso que puede soportar (“esta es para 18 kg”), desconfía inmediatamente.

El tamaño de una mochila se mide en litros (capacidad, o mejor dicho, volumen) y no en kg que puede contener (peso).

Atendiendo a ésta realidad, tradicionalmente (aunque en función de la literatura consultada hay variaciones) hay cierto consenso en torno a la clasificación de las mochilas en tres categorías.


Veamos lo que dice la ortodoxia:

  • Pequeñas: Hasta 40 litros, se utilizan en actividades de una jornada.
  • Medianas: Suelen ir de los 40 a los 65 litros. Pensadas para actividades en las que por lo menos se va a pasar una noche fuera. Cuentan con espacio para el saco, funda de vivac hornillo, esterilla…En actividades estivales, en las que el material es menor que en invierno, se pueden utilizar para varios días.
  • Grandes: Más de 65 litros. Son mochilas de gran capacidad, para viajes largos o actividades invernales de varias jornadas.

Eso es lo que dice la ortodoxia.

Personalmente, siempre he pensado que éstos volúmenes suelen estar sobre-dimensionados, y que los fabricantes cuentan con el “factor miedo” que nos hace llevar demasiadas cosas en la mochila.

Una actividad “normal” de un día, puede perfectamente desarrollarse con una mochila de menos de 40L (y de menos de 15 si me apuras), y una mochila de más de 60L, a mi me parece una salvajada solo necesaria para viajes muy concretos.

Puede que mi tendencia hacia el ultraligerismo (una corriente de la que ya hablaremos) y el minimalismo como forma de vida, aplicado también al material de montaña tengan algo que ver, en cualquier caso, la elección de la mochila es cuestión de gustos, y de saber el uso que se le va a dar.

Para mí, por ejemplo, tiene mucho más sentido ésta otra clasificación:

  • Hasta 15 litros. Para las salidas rápidas, de corto recorrido (ir a correr un rato al monte o a pasear al perro).
  • Entre 20 y 25 litros: Para salidas de una jornada (aquí ya sí llevas todo el material imprescindible para una salida de un día)
  • De 30 a 45 litros: Perfectamente suficiente para casi cualquier actividad. En condiciones normales, no deberías necesitar más.
  • A partir de 45 litros: Mochilas preparadas para grandes viajes en autonomía, en los que es necesaria una gran capacidad, o para actividades invernales.

No te pierdas la segunda parte del post, en la que te hablaré de:

  • Peso que puedo llevar en la mochila
  • Las  tallas de la mochila
  • Mochilas especiales para chicas
  • Materiales con que están hechas (descubrirás la relación entre la mochila de montaña y la bomba atómica)
  • Trucos para elegir tu mochila perfecta.
  • Manual básico para ajustar tu mochila.
  • Accesorios habituales

Si te ha gustado y me quieres echar un cable, no te cortes, ¡comparte!

Gonzalo

Sobre el autor

Gonzalo

Soy Guía de montaña profesional, escritor vocacional, y necesito moverme y conocer nuevos lugares y personas casi tanto como respirar.

Desde 2015, trabajo en Nomadapto, mi propio proyecto, en el cual trato de mejorar la vida de la gente utilizando la montaña como excusa.

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