Esquí de travesía: ponte fuerte en invierno ahorrando dinero

Esquí de travesía: ponte fuerte en invierno ahorrando dinero

Hoy quiero presentarte una modalidad deportiva de la que probablemente no sepas mucho: el esquí de montaña o esquí de travesía (mi actividad de montaña favorita).

Estoy seguro de que en tus salidas invernales te has cruzado con gente “foqueando” en más de una ocasión, pero si te estás iniciando en esto de los deportes de montaña, probablemente aún tengas muchas dudas al respecto.

Ponte las tablas y vente conmigo, vamos a pulverizarlas todas:

¿En qué consiste?

El esquí de travesía, esquí de montaña, o “skimo” (abreviatura de esquí de montaña), es una modalidad de esquí en la cual, a diferencia del esquí de pista o alpino, no realizamos la subida con medios mecánicos, como un telesilla o un telearrastre, sino que lo hacemos caminando sobre las tablas.

Ésto se consigue dos maneras:

Pieles de foca:

Para conseguir que los esquís no deslicen hacia abajo en la subida, en las suelas de los mismos se coloca una banda textil llamada piel de foca.

Se llama así, porque antiguamente estaban hechas con este material, aunque desde hace ya muchos años se fabrican con un tejido sintético.

Esta banda textil, que se pega a la suela por medio de un adhesivo,  funciona exactamente igual que el pelo de un gato.

¿Alguna vez has acariciado a un gato?, entonces sabrás, que si lo haces “a pelo” todo va bien, pero si le acaricias “a contrapelo”,  cuesta mucho deslizar la mano sobre el pelaje (aparte de que además el bicho se cabrea).

Con las pieles de foca, pasa exactamente lo mismo: cuando damos un paso hacia delante, todas las fibras de la piel de foca deslizan sobre la nieve a favor de obra y sin oponer resistencia.

Cuando cargamos el peso para dar el siguiente paso (y deslizar el otro esquí) las diminutas fibras se clavan en la nieve impidiendo que el esquí deslice.

Ingenioso, ¿verdad?

Ya tenemos solucionado el problema de base, que es conseguir que algo que está diseñado para resbalar, resbale solo en el sentido en que a nosotros nos interesa (en este caso hacia arriba) ahora nos falta el problema de no andar como un pato con el armatoste puesto.

Verás qué fácil.

Fijaciones:

Para esquiar hacen falta unas botas especiales que encajan en una parte concreta del esquí: la fijación.

Lo sé, no te he descubierto nada nuevo.

La diferencia con los esquís alpinos o de pista, es que en los esquís de montaña, la fijación, valga la ironía, no está del todo “fija”.

Mientras que en un esquí alpino, la fijación está atornillada en su lugar y la bota no puede moverse sobre el esquí, en los esquís de montaña, la fijación tiene una bisagra en la puntera, y un mecanismo en el talón que permite dejarla fija o liberarla a voluntad.

El resultado es que, cuando estamos subiendo, el conjunto fijación-bota, pivota sobre la tabla por medio de la bisagra de la puntera.

Cuando llegamos a la cima e iniciamos el descenso, retiramos la piel de foca para que la tabla deslice, bloqueamos los talones de las fijaciones, ¡et voila!, tenemos unos esquís normales y corrientes.

Ventajas

La principal ventaja del esquí de travesía frente al esquí alpino, es que al no necesitar unas instalaciones especialmente preparadas para su práctica,  las posibilidades aumentan exponencialmente.

Cuando practicamos esquí de montaña no necesitamos depender de los remontes, ni tenemos que conformarnos con esquiar solo por las pistas que estén habilitadas.

El esquí de travesía, es la más pura esencia de la libertad en la montaña invernal.

Es la capacidad de desplazarse con velocidad, comodidad, y eficiencia en un entorno por el cual de otra manera sería muy difícil transitar.

En más de una ocasión, me he encontrado con detractores del esquí de travesía.

Suelen ser practicantes de esquí alpino que argumentan que les parece una tontería practicar una actividad en la que, tardas 3 horas en subir y 3 minutos en bajar.

Hay que entender que ambas modalidades, el esquí alpino y el esquí de montaña, no son comparables.

Es cierto que comparten algunas cosas fundamentales, pero son dos actividades completamente diferentes enfocadas a públicos diferentes.

La clave, no está en verlo como una alternativa al esquí más “tradicional”, sino como lo que es en realidad: una disciplina  del alpinismo.

El esquí de montaña no es más que una de las herramientas de las cuales se vale el alpinista para la consecución de un objetivo, sea este el ascenso de una montaña, una travesía invernal, o una simple excursión.

Tradicionalmente, los practicantes del esquí de travesía solemos argumentar que con un equipo de esquí de montaña podemos realizar las dos actividades: si me apetece esquiar en pista una semana, pago el forfait y practico esa actividad con mi equipo.

Si por el contrario me apetece realizar una actividad de esquí de montaña también puedo hacerlo con el mismo equipo, cosa que no puede hacerse con uno de esquí alpino, que está específicamente diseñado para las pistas.

Es decir, que con unos esquís de travesía tengo la posibilidad  de realizar dos deportes, mientras que con unos esquís de pista, estoy obligado a practicar  un solo deporte.

Así pues, ambas modalidades son diferentes, y cada una tiene su lugar, pero hay que tener claro que el esquí de montaña es eso: una disciplina del alpinismo, no (solo) una alternativa al esquí alpino.

Inconvenientes

No obstante,  el esquí de montaña tiene algunos inconvenientes de los cuales yo destacaría fundamentalmente dos:

Precio

Adquirir un equipo  completo de esquí de montaña es caro.

Entre las tablas, las fijaciones, los bastones, las botas, las pieles de foca, las cuchillas, y el resto de materiales necesarios y obligatorios propios del alpinismo invernal (como son el ARVA, la pala, la sonda, los crampones, el piolet, el casco…) te dejas una pasta.

Además, en cualquier estación de esquí puedes alquilar material de esquí de pista, pero a día de hoy es mucho más complicado alquilar un equipo de esquí de montaña.

Existen establecimientos donde puedes alquilarlo, pero no es algo habitual.

Esto se explica, porque generalmente los practicantes de esquí de travesía tienen su propio equipo, y esto es consecuencia  de que para practicarlo se necesita un gran…

Nivel de experiencia necesaria

Ya hemos comentado que el esquí de montaña, aunque puede considerarse una actividad en sí misma, forma parte de un conjunto de técnicas de alpinismo invernal.

En el esquí de travesía no hay pistas, se sube y se baja por territorios de nieve virgen, a veces muy profunda, y otras veces muy transformada y dura como el hielo (a veces, directamente toca atravesar tramos de hielo).

Todas estas particularidades, exigen al esquiador un nivel técnico alto para poder enfrentarse a cada una de estas situaciones.

Tradicionalmente, el esquí de travesía es una disciplina a la que se llega después de haber pasado por el esquí de pista y haber adquirido los conocimientos y las técnicas necesarias como para poder realizar esta disciplina en las debidas condiciones de seguridad.

Conclusión:

Como ves, el esquí de travesía, es una actividad que está más cerca del alpinismo que del esquí tal y como lo conocemos tradicionalmente.

Dado el elevado nivel de complejidad de su práctica, no es recomendable que comiences esta actividad si no tienes unos conocimientos previos (si este es tu caso y aún así quieres realizar actividades invernales saliendote de las estaciones de esquí, quizá la mejor alternativa para ti sean las rutas con raquetas)

Pero si ya llevas un tiempo esquiando, si estás buscando ampliar tus horizontes, tal vez sería recomendable que empieces a buscar un equipo de esquí de montaña, te aseguro que no te arrepentirás.

Gonzalo

Sobre el autor

Gonzalo

Soy Guía de montaña profesional, escritor vocacional, y necesito moverme y conocer nuevos lugares y personas casi tanto como respirar.

Desde 2015, trabajo en Nomadapto, mi propio proyecto, en el cual trato de mejorar la vida de la gente utilizando la montaña como excusa.

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